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¿Qué falla en las teorías de la conspiración?

Una crítica desde el marxismo

Sección:Observatorio de conflictos
Viernes 29 de agosto de 2014 0 comentario(s) 2796 visita(s)

Una reflexión general sobre la teoría de la conspiración y su nula capacidad para interpretar o transformar la realidad. John Molyneux, teórico del arte, escritor y político marxista, militante del del SWP (troskista) en Reino Unido e Irlanda, se sirve de sus planteamientos teóricos para desarrollar una crítica al conspiracionismo.

Publicado originalmente en: http://johnmolyneux.blogspot.com.es...


¿Qué falla en las teorías de la conspiración?

John Molyneux

  Desde hace cierto tiempo me he dado cuenta de que, por todas partes y cada vez con mayor  frecuencia, aparecen teorías de la conspiración.  A veces entre la izquierda. Creo que hay una razón importante.  El mundo está en crisis. La sociedad se está desmoronando de múltiples maneras: la crisis económica, la crisis ambiental, la crisis de la alienación política, la proliferación de escándalos, los disturbios, y así sucesivamente.

Esto es muy angustioso para bastante gente y si, como sucede en Irlanda en estos momentos el movimiento de la clase obrera no ofrece un claro camino a seguir, ésta puede volverse en todas las direcciones buscando respuestas. Esto es precisamente lo que sucede cuando la gente se radicaliza repentinamente en una situación en la que la izquierda es relativamente débil.

Pero por muy comprensible que sea este fenómeno es también es un problema porque las teorías conspirativas son un obstáculo, ya sea para dar sentido al mundo o para cambiarlo. En este artículo, por lo tanto, se verá lo que falla en la visión conspirativa del mundo.

Esto se hará en términos generales, explicando las diferencias de principio entre un análisis marxista y las teorías de la conspiración, y mostrando por qué, el primero, tiene sus raíces en una comprensión mucho más profunda de la estructura de la sociedad y de cómo funciona el poder que en las últimas.

He adoptado este planteamiento porque surgen varias dificultades relacionadas al tratar con las  teorías de conspiración. Una es que hay una gran cantidad de teorías que, tan pronto se logra producir una respuesta creíble a una de ellas, otra avanza para ocupar su lugar. Otra es que la cantidad de esfuerzo y conocimientos necesarios para refutar cualquier teoría, por muy descabellada que sea, es muy considerable; por ejemplo, tratar de refutar la teoría de que los extraterrestres construyeron las pirámides. Una tercera es que la diferencia entre un análisis marxista y una teoría de la conspiración no es que los marxistas crean que no hay conspiraciones. Por el contrario, es evidente que los políticos, los empresarios, los medios de comunicación, la policía, etc. conspiran de vez en cuando. En el asunto del espionaje telefónico por ejemplo, o que engañaron al público sobre la guerra de Irak.

Así que ¿cuáles son las principales diferencias entre las teorías de la conspiración en general y el marxismo? Sugiero cuatro que son bastante fundamentales:

1- Las teorías de conspiración se basan en un conocimiento ‘especial’ u ‘oculto’. Por el contrario, en el caso del socialismo y el marxismo, éste puede (y debe) ser construido sobre la base de hechos ampliamente conocidos y accesibles públicamente. Es evidente que un libro como El Capital, o la Historia de la Revolución Rusa de Trotsky, o Historia Mundial del Pueblo, de Chris Harman, contienen una gran cantidad de información que la mayoría de las personas ‘corrientes’ no conocen, pero es la interpretación de los hechos, las interconexiones entre ellos, lo que distinguen a estas obras clásicas, y no ‘extraordinarias’ revelaciones de hechos. Esto es crucial porque, si el objeto de una crítica radical del actual sistema, es llegar e influir en una audiencia masiva, se tiene que conectar con la experiencia de la gente trabajadora. En un sentido importante el marxismo es una generalización de y desde la experiencia de la clase trabajadora. Por esa misma razón nunca va a ser posible lograr apoyo masivo para unas ideas que dependen de horas de investigación específica para descubrir evidencias enterradas. Esto de ninguna manera es la característica central o clave de la teoría de la conspiración, pero es un primer y útil rasgo.

2- Los marxistas y los teóricos de la conspiración tienen una comprensión muy diferente sobre cómo se gobierna la sociedad y quién dirige su funcionamiento. En el núcleo de la mayoría de las teorías de la conspiración subyace una visión en la que el mundo está  dirigido por una élite muy pequeña y secreta; todos en contacto unos con otros y controlando más o menos todo lo importante que sucede. El marxismo sostiene que las sociedades están controladas por sus clases dirigentes, que aunque constituye una pequeña minoría de la población total, digamos un  1%, son integradas por un número bastante grande de personas, tal vez 40.000 en Irlanda o medio millón en el Reino Unido. Además gobiernan con la ayuda de los aparatos del estado (el ejército, la policía, los tribunales, los departamentos gubernamentales, etc.) que son jerarquías encabezadas por miembros de la clase dominante. El punto de vista de la teoría de la conspiración es intrínsecamente inverosímil debido a que un grupo tan pequeño no sería capaz de tomar, y ni siquiera de controlar, la multitud de decisiones que participan en el funcionamiento de una compleja sociedad moderna, e incluso si pudiera sería enormemente inestable y fácilmente derrocado. En realidad, los regímenes de los principales países capitalistas (especialmente Estados Unidos) han sido notablemente estables y seguros desde la Segunda Guerra Mundial.

3- Apuntalando  la visión que la teoría de la conspiración tiene de las estructura del poder, está la idea de que el grupo gobernante se cohesiona a través del contacto personal y por estar todos ‘en el ajo’.  Por debajo de la visión marxista está la idea de que lo que mantiene unida la clase dominante son sus intereses comunes, especialmente su interés común en la explotación de la clase obrera. Comprender esto nos permite comprender por qué las empresas y los gobiernos se comportan como lo hacen sin descubrir continuamente conspiraciones secretas. Ambos se ven limitados y conducidos por la lógica objetiva del capitalismo, que es la lógica de la acumulación competitiva del capital. En las teorías de la conspiración el sistema no tiene lógica objetiva, lo que hace que cualquier comprensión de su desarrollo dependa de descubrir el último complot de la trama.

4- Comprender la lógica de la acumulación de capital competitivo, que Marx analiza en profundidad en El Capital, nos permite entender no sólo lo que une a la clases dominante, sino también lo que las separa, tanto a un capitalista contra otro capitalista como a un estado capitalista en contra de otro estado capitalista. Esto a su vez es necesario para entender los conflictos y las guerras recurrentes entre imperialismos que han desempeñado un papel tan importante en la historia moderna. Las teorías conspirativas sobrevaloran constantemente la unidad (y también la fuerza) de nuestros gobernantes. Por otra parte, al carecer de cualquier análisis acerca de las contradicciones objetivas inmanentes al capitalismo, que le impulsan a la crisis, (como las teorías marxistas de la sobreproducción y la tasa decreciente de ganancia) las teorías de la conspiración tienen que recurrir otra vez  por completo a explicaciones ad hoc de las crisis económicas y, a menudo, caen en la idea extravagante que éstas han debido de ser producidas deliberadamente (porque todo lo importante debe haber sido planeado por los gobernantes secretos) como si al sistema le interesara sumergirse en una gran recesión en la que se pierden  miles de millones en el mercado de valores y la actividad productiva entra en declive. En las teorías de conspiración en general se exagera enormemente el grado de control que nuestros gobernantes tienen sobre la historia, en contraste con el marxismo, que explica porqué, en el análisis final, el sistema no está bajo el control de nadie.

5- Las teorías conspirativas no se basan en una teoría general del desarrollo histórico más allá de la convicción de que la historia es una sucesión de conspiraciones ocultas. Por lo tanto no son útiles en caracterizar  o explicar los patrones generales del cambio social e histórico, como son el origen y surgimiento de la sociedad de clases, la transición del feudalismo al capitalismo, las causas de la revolución industrial y cosas semejantes. Análisis marxistas específicos de situaciones actuales se basan en el materialismo histórico; una teoría general que ha hecho posibles innumerables estudios históricos de la mayor calidad, como La lucha de clases en el mundo antiguo de Geoffrey de St. Croix,  La formación de la clase obrera en Inglaterra de E.P. Thompson y El mundo trastornado de Christopher Hill, así como una síntesis tan poderosa como Historia Mundial del Pueblo de Chris Harman. Las teorías conspirativas no tienen de su lado nada intelectualmente comparable.

6- Las teorías de la conspiración generalmente no generan ninguna estrategia de acción práctica para cambiar el mundo, más allá de tratar de informar a la gente de la conspiración. Por el contrario el marxismo ha desarrollado en más de ciento sesenta años de práctica continua una estrategia integral para el cambio revolucionario que se basa en la teoría de la lucha de clases de Marx, complementada por ejemplo, por la teorías de la huelga de masas (Rosa Luxemburgo), de la revolución permanente (Leon Trotsky), del papel del partido revolucionario (Lenin), del frente único (Lenin y Trotsky) y muchas otras cosas. El marxismo, por lo tanto, cuenta con la gran ventaja sobre la teoría de la conspiración de poseer una perspectiva para lograr el eventual derrocamiento del capitalismo y la capacidad de decir concretamente qué se debería hacer hoy y mañana para avanzar en los intereses de los trabajadores. Las teorías conspirativas carecen por completo de esta capacidad.

7- Una de las características más típicas de los teóricos de la conspiración es que operan con una flagrante doble moral en cuanto a los estándares de las pruebas cuando se trata de comparar la interpretación oficial de los eventos con la suya. A menudo ponen un considerable esfuerzo en cuestionar o mostrar inconsistencias en el relato de un acontecimiento o situación del gobierno o los medios de comunicación, en la creencia de que después de haber hecho esto, simplemente puede hacer su propia interpretación o explicación, sin ninguna prueba o evidencia seria. Por ejemplo, muchos teóricos de la conspiración parecen pensar que si pueden demostrar que, contrariamente a los desmentidos oficiales, un objeto volador no identificado voló sobre Dublín la semana pasada, esto entonces les da derecho a declarar con confianza (pero sin pruebas) que debe haber venido de Marte. En contraste los marxistas, aunque ciertamente critican las explicaciones burguesas estándar de eventos, ponen aún más esfuerzo en el establecimiento de sus propias interpretaciones: el inmenso trabajo que implica El Capital  de Marx es el ejemplo clásico de esto, pero hay una multitud de otras obras que podrían ser situado como El imperialismo: fase superior del capitalismo de Lenin, Historia de la Revolución Rusa de Trotsky, El Capitalismo de Estado en Rusia de Tony Cliff, o Capitalismo Zombie de Chris Harman.

8- Por último, pero no menos importante, muchas teorías de conspiración tienen en su núcleo un elemento de racismo, por lo general de antisemitismo. Muy a menudo resulta que “el secreto gobierno interno” acusado de estar controlando el país o el mundo es, en realidad, una conspiración de judíos o sionistas (a veces de católicos). Una muestra de ello es la obsesión recurrente con la familia Rothschild y la fantasía de que son dueños y controlan la totalidad o la mayor parte de los principales bancos del mundo. Esta noción de una conspiración judía internacional para controlar el mundo no tiene nada que ver con la crítica marxista, y de la izquierda, del sionismo como movimiento político que conduce a la creación del Estado de Israel y la opresión de los palestinos. Más bien es una antigua característica de viles prejuicios antisemitas que son a la vez absurdos y políticamente peligrosos y que deben ser vehemente rechazados por toda la gente progresista.

Estas son, pues, las principales diferencias entre el enfoque de las teorías de la conspiración en general y el enfoque marxista. Volviendo a la cuestión planteada al principio acerca de la popularidad de las teorías de conspiración en la actualidad, ésta es muy comprensible, de hecho, el marxismo contiene una teoría (la teoría de la alienación), que es muy útil para explicar exactamente por qué la gente sentiría que el mundo está dominado por fuerzas ocultas más allá su control. Además, constituye el mejor marco para el análisis de las conspiraciones que realmente existen, es decir, ubicándolas dentro de las fundamentales estructuras objetivas y contradicciones del sistema capitalista, en lugar de verlas como constitutivas de las condiciones centrales del sistema en sí. En cambio las teorías de conspiración fracasan en el camino de la comprensión del mundo y tienden a dejar pasivas a las personas, sin perspectiva de resistencia o posibilidad de cambiarlo.

John Molyneux, 27 de agosto 2011 


Más información:

- La Revuelta Árabe y la Izquierda Conspiracionista

- En Transversales: Teorías del complot: conspiracionistas y extrema derecha

- Rebelión: Los chiflados de la teoría de la conspiración del 11-S

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