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Chomsky sobre el movimiento contra la guerra

Publicado en: EL GRANO DE ARENA, n°181.

Sección:Historia del antimilitarismo
Martes 14 de septiembre de 2004 0 comentario(s) 1516 visita(s)

Nunca antes, que yo sepa, ha existido una oposición tan masiva a una guerra antes de que ni siquiera hubiese empezado. Y cuanto más nos acercamos a la región, mayor parece ser la oposición. En Turquía las encuestas indican cerca de un 90% de oposición, en Europa ésta es bastante amplia, y en EE.UU. los datos que vemos en las encuestas son sin embargo bastante engañosos porque no tienen en cuenta otro factor que diferencia a EE.UU. del resto del mundo. Este es el único país donde Sadam Hussein no sólo es criticado y despreciado sino además temido. Desde septiembre las encuestas han mostrado que aproximadamente un 60-70% de la población piensa literalmente que Sadam Hussein representa un peligro inminente para su supervivencia.

Las manifestaciones [por la paz] fueron otro indicador de un fenómeno muy destacable. Por todo el mundo y en Estados Unidos existe una oposición a la inminente guerra a un nivel sin precedentes en la historia estadounidense y europea en cuanto a su amplitud y a los sectores de la población que engloba.

De hecho no hay razón objetiva por la cual EE.UU. debería tener más miedo de Sadam que, digamos, los Kuwaitíes, pero existe un motivo -este consiste en que desde septiembre se ha producido un redoble de la propaganda que intenta hacer creer a la gente que Sadam no sólo es una persona terrible sino que además va a venir a por nosotros mañana si no le detenemos hoy. Y eso llega a la gente. De modo que para comprender la oposición actual a la guerra en EE.UU. debemos extraer ese factor, el factor del miedo irracional creado por la propaganda masiva. Si lo hacemos creo que encontraremos que la oposición es muy similar a la del resto del mundo.

Lo que no se destaca en la cobertura de la prensa es que simplemente no existe precedente, o nada parecido a un precedente, para tal oposición pública a una guerra. Y ésta se extiende mucho más allá, no es sólo una oposición a la guerra, es una falta de confianza en los líderes. Quizá hayan visto un estudio publicado por el Foro Económico Mundial hace un par de días que analiza la confianza en los líderes, la más baja es la que se refiere a los líderes estadounidenses. Sólo tienen la confianza de poco más que la cuarta parte de la población y creo que eso refleja la preocupación por la temeridad, la violencia y las amenazas que se desprenden de las acciones y los planes de la actual administración.

Estas cuestiones deberían ser centrales. Hasta en Estados Unidos hay una impresionante oposición a la guerra y una correspondiente disminución de la confianza en los líderes que la están conduciendo.

Esto se viene desarrollando desde hace un tiempo pero está alcanzando ahora un estado inusual, y, volviendo a las manifestaciones del fin de semana, nunca antes había ocurrido. Si lo comparamos con la guerra del Vietnam, el estado actual de la guerra de Irak se corresponde aproximadamente con el de 1961, esto es, antes del comienzo de la guerra, en 1962, cuando EE.UU. bombardeó Vietnam del Sur y condujo a millones de personas a campos de concentración, a la guerra química y demás. Pero no hubo protesta. De hecho la protesta fue tan pequeña que poca gente lo recuerda.

Las protestas no comenzaron a desarrollarse hasta varios años más tarde cuando extensas zonas del sur de Vietnam fueron sometidas a bombardeos de saturación con aviones B-52, había cientos de miles de tropas allí y cientos de miles habían sido asesinados. Incluso después de esto, cuando las protestas finalmente se desarrollaron en EE.UU. y Europa, éstas se centraron casi siempre en una cuestión colateral -el bombardeo del norte de Vietnam fue indudablemente un crimen, aunque fue mucho más intenso en el sur, que siempre fue el objetivo de EE.UU., y seguía siéndolo.

Esto también es reconocido, incidentalmente, por el gobierno. Cuando cualquier administración toma posesión lo primero que hace es llevar a cabo una valoración de la situación a nivel mundial - «¿Cual es el estado del mundo?»- por parte de los servicios de inteligencia. Esta información es secreta y sale a la luz unos 30 ó 40 años más tarde cuando es desclasificada. Pero cuando llegó la primera administración Bush en 1989, partes de su informe de inteligencia fueron filtradas, y son muy reveladoras sobre lo que ocurrió precisamente respecto a estas cuestiones en los 10 años siguientes.

Las partes que fueron filtradas hablaban de enfrentamientos militares con enemigos mucho más débiles, reconociendo que éstos eran los únicos a los que estábamos dispuestos a enfrentarnos, los únicos que queríamos que existieran. De tal modo que en enfrentamientos con enemigos mucho más débiles Estados Unidos debe ganar «con decisión y rapidez» porque de otro modo el apoyo popular se erosionará, ya que se considera que este es muy frágil. No es como en los años sesenta, cuando el gobierno podía librar una guerra larga y brutal durante años y años destruyendo prácticamente un país sin protesta alguna. Ahora no, ahora tienen que ganar. Tienen que aterrorizar a la población para que sientan que hay una gran amenaza para su existencia y llevar a cabo una victoria milagrosa, contundente y rápida sobre el enorme enemigo y después pasar al siguiente.

Recordemos que las personas que llevan ahora las riendas en Washington son en su mayor parte Reaganianos reciclados, que básicamente están reviviendo el guión de los años ochenta -para utilizar una analogía adecuada-. En los años 80 impusieron programas domésticos muy dañinos para la población en general y que fueron muy impopulares. La gente se opuso a la mayoría de sus programas domésticos y la manera como consiguieron implantarlos fue manteniendo a la población en un continuo estado de pánico.

Así que un año fue una base aérea en Granada que los rusos querían usar para bombardear los Estados Unidos. Suena ridículo pero esa fue la mentira de la propaganda y funcionó.

Nicaragua estaba a «dos días de marcha de Tejas» -un puñal apuntando al corazón de Tejas-, para utilizar la frase de Hitler. De nuevo podría creerse que la gente se moriría de risa. Pero no fue así. Este argumento fue utilizado continuamente para asustarnos -Nicaragua quizá nos conquiste en su camino hacia la conquista del hemisferio-. Se declaró una emergencia nacional por la amenaza que representaba Nicaragua para la seguridad nacional. Que si asesinos a sueldo libios rondaban las calles de Washington para matar a nuestro líder - que si narco-terroristas hispanos-. Una cosa tras otra fue urdida para mantener a la población en un permanente estado de miedo mientras llevaban a cabo sus mayores guerras terroristas.

Recordemos que la misma gente declaró en 1981 una guerra contra el terror que se convertiría en el núcleo central de la política exterior estadounidense enfocada fundamentalmente en Centroamérica. Llevaron a cabo una guerra contra el terror en América Central donde acabaron matando a unas 200.000 personas y dejando cuatro países devastados. Desde 1990, cuando EE.UU. se hizo con ellos de nuevo, se han hundido más aún en una profunda pobreza. Ahora están haciendo lo mismo por los mismos motivos -están llevando a cabo programas domésticos a los que la población se opone contundentemente porque les perjudica.

Pero las aventuras internacionales, la invención de enemigos que están a punto de destruirnos, no son nuevas, nos son familiares. No lo inventaron ellos, otros han hecho lo mismo a lo largo de la historia. Pero se han convertido en maestros de este arte y lo están volviendo a hacer ahora.

No quiero sugerir que no tengan motivos para querer tomar el poder en Irak. Por supuesto que los tienen, motivos muy antiguos que todo el mundo conoce. Controlar Irak pondrá a EE.UU. en una posición muy poderosa para extender su dominio sobre las mayores reservas energéticas del mundo. No es una razón pequeña.

Pero fijémonos en el momento concreto. Es realmente chocante que la avalancha de propaganda comenzara en septiembre -¿qué ocurrió en septiembre? Fue cuando comenzó la campaña para el congreso y estaba claro que los republicanos no iban a ganar dejando que dominaran los asuntos sociales y económicos. Hubieran sido arrollados. Tenían que hacer exactamente lo mismo que hicieron en los ochenta; sustituirlos por asuntos de seguridad y en el caso de una amenaza a la seguridad la gente tenderá a cerrar filas en torno al presidente -una figura fuerte que nos protegerá de horribles peligros.

La dirección más probable que esto tomará [después de una guerra con Irak] será Irán, y posiblemente Siria. Corea del Norte es un caso diferente. Lo que están demostrando al mundo con gran claridad es que si quieres impedir una agresión estadounidense, más te vale tener armas de destrucción masiva (ADM), o una amenaza de terrorismo creíble. Ninguna otra cosa les detendrá -no les pararán fuerzas convencionales. Esa es una lección terrible, pero es exactamente la que se está enseñando.

Durante años, expertos de los medios de comunicación convencionales han estado destacando que EE.UU. causa la proliferación armamentística con sus aventuras ya que los demás no pueden protegerse si no es con ADM o la amenaza del terror. Kenneth Waltz es uno de los que subrayaba esto recientemente. Pero hace años, incluso antes de la administración Bush, comentaristas de primera línea como Samuel Huntington de Foreign Affairs, la principal revista del establishment, destacaban que Estados Unidos estaba siguiendo un curso peligroso. Huntington hablaba sobre la administración Clinton pero apuntaba que, para gran parte del mundo, EE.UU. es considerado ya como un estado criminal y el mayor peligro para su existencia. De hecho una de las cosas sorprendentes sobre la actual oposición a la guerra, repito sin precedentes, es la amplitud con la que se extiende por todo el espectro político. Las dos mayores publicaciones sobre política exterior, Foreign Affairs y Foreign Policy acaban de publicar en sus ediciones más recientes artículos muy críticos de distinguidas figuras de los medios de comunicación mayoritarios oponiéndose al recurso de la guerra en este caso.

La American Academy of Arts and Sciences rara vez se posiciona en asuntos de actualidad controvertidos y acaba de publicar un largo monográfico de su comité de seguridad internacional sobre este tema, en el que da una descripción de lo más cordial de la posición de la administración Bush para después desmontarla línea a línea entrando en terreno resbaladizo -mucho más de lo que me hubiera gustado- pero consiguiéndolo con éxito.

Existe mucho miedo y preocupación por este aventurismo, al que un analista llamaba «tontas fantasías de sillón». Mi preocupación es más bien «¿cómo va a afectar a los iraquíes?» y «¿cómo va a afectar a la región?» pero estas preocupaciones son del tipo «¿cómo nos va a afectar a nosotros?».

Matthew Tempest: Se volverá contra ellos mismos la propaganda si no se establece la democracia en Irak después de la «liberación»?

NC: Tiene razón al llamarlo propaganda. Si esta es una de las finalidades de la guerra, ¿por qué entonces no lo dicen?, ¿por qué están engañando al resto del mundo?, ¿qué sentido tienen entonces los inspectores de la ONU? De acuerdo con esta propaganda todo lo que estamos diciendo en público es pura farsa -no nos importan las armas de destrucción masiva, no nos importa el desarme, tenemos otro objetivo en mente que no os decimos y que consiste, de repente, en que vamos a llevar la democracia a Irak por medio de la guerra. Pues bien, si este es el objetivo dejemos de mentir sobre ello y pongámosle fin a toda la farsa de las inspecciones y demás, y digamos simplemente que ahora estamos en una cruzada para llevar la democracia a países que sufren bajo gobiernos tiranos. De hecho esta es una cruzada tradicional, es lo que hay detrás de los horrores de las guerras coloniales y sus equivalentes modernos, y nosotros tenemos un historial muy rico mostrando cómo funciona esto. No es algo nuevo en la historia.

En este caso particular no se puede predecir qué pasará una vez comience la guerra. En el peor de los casos quizá ocurra lo que las agencias de inteligencia y las organizaciones de ayuda predicen -esto es, un aumento del terrorismo como disuasión o venganza, y para el pueblo iraquí, que apenas supera el límite de la supervivencia, podría significar la catástrofe humanitaria sobre la que las organizaciones de ayuda y la ONU nos han estado advirtiendo. Por otro lado es posible que ocurra lo que los halcones de Washington esperan -una victoria rápida, ausencia de combates que comentar, imposición de un nuevo régimen, con una fachada democrática y asegurarse de que EE.UU. tenga grandes bases militares en Irak así como el control efectivo del petróleo.

Las posibilidades de que consientan algo parecido a una democracia real son mínimas. Hay grandes impedimentos en su camino -impedimentos que motivaron que Bush nº1 se opusiera a las rebeliones de 1991 que podían haber derrocado a Sadam Hussein. Al fin y al cabo, podía haber sido derrocado entonces si EE.UU. no hubiera autorizado a Sadam a aplastar las rebeliones.

Un problema importante es que prácticamente el 60% de la población es chiíta. Si hay algún tipo de gobierno democrático, ellos tendrán algún tipo de voz, de hecho la voz mayoritaria respecto a cuál ha de ser el gobierno. No son pro-iraníes pero lo más probable es que la mayoría chiíta se uniera al resto de la región intentando mejorar las relaciones con Irán y reducir el nivel general de tensión en la región reintegrando a Irán en ella. Ha habido movimientos en ese sentido entre los estados árabes y la mayoría chiíta en Irak probablemente lo haría. Eso es lo último que quiere EE.UU. Irán es el próximo objetivo.

No quiere una mejora de las relaciones. Es más, si la mayoría chiíta obtiene por primera vez una verdadera voz en el gobierno, la minoría kurda querrá algo similar. Y querrá la realización de sus justas demandas de un mayor grado de autonomía en las regiones del norte. Turquía no va a tolerar eso. Turquía ya tiene miles de tropas en el norte de Irak básicamente para prevenir una evolución de ese tipo. Si hay movimiento hacia Kirkuk, considerada por ellos como su capital, Turquía se moverá para bloquearlo y EE.UU. le apoyará con toda seguridad igual que le apoyó en sus masivas atrocidades contra los kurdos en las regiones del sudeste durante los años noventa. Lo que al final tendremos será, o bien una dictadura militar con una fachada democrática, como por ejemplo un parlamento que vota mientras el ejército lleva las riendas entre bastidores -no sería nada nuevo-, o bien la entrega del poder a las manos de alguien como la minoría Sunni, quien ya lo tuvo en el pasado.

Nadie puede predecir nada de esto. Lo que ocurrirá cuando se empieza una guerra no se sabe. La CIA no puede predecirlo, Rumsfeld no puede predecirlo, nadie puede. Podría ocurrir cualquiera de estas cosas. Por eso la gente cuerda reniega del uso de la violencia a menos que existan razones abrumadoras para ello, los peligros son simplemente demasiado grandes. Sin embargo sorprende que ni Bush ni Blair presenten algo parecido a esto como su objetivo a lograr con la guerra. ¿Acaso han acudido al consejo de seguridad y han propuesto una resolución para llevar la democracia a Irak mediante el uso de la fuerza? Por supuesto que no. Porque saben que se reirían de ellos.

Bush y su administración dijeron ya en noviembre al consejo de seguridad abierta y directamente que la ONU será «relevante» si nos otorga la autoridad para hacer lo que queramos, para usar la fuerza si queremos, y si la ONU no lo hace será irrelevante. No podía ser más claro. Dijeron que ya tenemos la autoridad para hacer lo que queramos, o venís a respaldar esa autorización o sois irrelevantes. No podía haber una forma más clara y explícita de informar al mundo de que no nos importa lo que piense, haremos lo que queramos. Esta es una de las principales razones por las que la autoridad de los líderes estadounidenses se ha hundido según la encuesta del Foro Económico Mundial.

Otros países probablemente participarán en la guerra de Estados Unidos, pero lo harán por miedo.

Título original: Chomsky On The Anti War Movement Origen: The Guardian, 4 de febrero de 2003 Traducido por Juan Aballe y revisado por Mateu Llas.

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