En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
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Una visión de la historia: 20 callados años de pacifismo feminista

www.creatividadfeminista.org

Sección:Historia del antimilitarismo
Miércoles 8 de diciembre de 2004 1 comentario(s) 2514 visita(s)

Michelle (Madrid, Spain)

Internacional de Resistentes a la Guerra

En las dos últimas décadas, se ha venido produciendo en España un lento y difícil desarrollo del pacifismo de carácter feminista. Esta corriente surgió del antimilitarismo y no del feminismo, aunque muchas de sus integrantes fueran feministas.

Feminismo e izquierda frente al pacifismo en los ochenta.

A partir de 1979 quedó claro que existían dos grandes corrientes en el feminismo: la independiente y la de doble militancia, integrada por feministas que militaban en partidos políticos de izquierdas. Ambas luchaban "por la igualdad", por conseguir derechos para las mujeres (separación, divorcio, anticonceptivos, aborto, trabajo asalariado...), y también por cuestiones más de fondo, como la sexualidad y la educación. Partían, no obstante, de distintos enfoques, empleaban distintos procesos y métodos.

Respecto al pacifismo, ninguna corriente descartó públicamente la violencia como principio y metodología para la transformación social. La igualdad con los hombres significaba también derecho a llevar las armas. El golpe de Estado de 1981 no facilitó que se descartara la posibilidad de tomar las armas. Los comités de solidaridad (mixtos) con la lucha sandinista y las guerrillas salvadoreña y guatemalteca, por otro lado, no concebían la lucha por la justicia más que rindiendo toda capacidad crítica al acto de fe de "creer" en las armas.

En el contexto de un país muy machista, es comprensible que las feministas no abordaran todas las luchas que eran necesarias. Las independientes se centraron en sus áreas de trabajo. Las feministas de doble militancia, como la izquierda política en su conjunto, no se limitó a ignorar los temas que planteaba el pacifismo y el pacifismo feminista. Los partidos de izquierdas nunca han sido antimilitaristas. (No se concibe el nacionalismo ni la toma o conservación del poder sin la herramienta del aparato militar). Tradicionalmente han intentado sofocar las iniciativas civiles de carácter izquierdista que escapan a su control. La idea de que la abolición de los ejércitos es una condición necesaria para la construcción de un mundo sin guerras podría ser perfectamente asumida por una sociedad civilizada, y por tanto, defendida desde toda la izquierda. Sin embargo, la izquierda de partido se dedicó a intentar fagotizar y utilizar, y al tiempo a ignorar y despreciar a las y los activistas de la noviolencia.

Apariencia y realidad de las activistas noviolentas
Se difundió la imagen de que las pacifistas eran mujeres que pedían la paz por razones biológicas o femeninas: como generadoras de vida amaban la vida y se enfrentaban a la muerte que representaba el militarismo. Y esto suscitaba bastante desprecio -aunque, en cualquier caso, la posición fuera perfectamente respetable.

Los grupos pacifistas congregaban a activistas cristianas/os (cristianas/os de base) y a anarquistas noviolentas/os. El posicionamiento público que predominaba, el análisis que se manejaba, no era el de la Vida frente a la Muerte. El antimilitarismo de las mujeres que existía en el país tenía un discurso más próximo al anarquismo feminista noviolento. Se planteaban las vinculaciones de la violencia con el machismo y el sistema patriarcal; la necesidad de redefinir el poder para que las mujeres se sintieran capaces de él, o vinculadas a él, aunque desde supuestos noviolentos: que los medios tenían que ser coherentes con los fines y que el uso de la violencia degradaba la lucha por la justicia. Se planteaba que el militarismo afectaba gravemente a las mujeres, que la herramienta privilegiada del machismo y la misoginia era el ejército. Un ejército, fuera del signo que fuera, que fomentaba la mentalidad de violencia y desprecio hacia las mujeres en la sociedad; que servía como justificación e incitador del uso de la prostitución o de la esclavitud sexual (en lugares "en paz") y de la violación (en "tiempos de guerra").

Este análisis, de hecho, planteó más problemas a las activistas. Cuando se intentó abrir un espacio en los grupos mixtos para desarrollar estas ideas, en general se tuvieron que soportar burlas y una poderosa no participación. Los grupos de trabajo antimilitarista sobre vínculos con el feminismo fueron integrados por mujeres, que tuvieron que asumir funciones no reconocidas como parte de la lucha del conjunto: concienciar a los antimilitaristas (a la mayoría de ellos), por ejemplo, de que el antimilitarismo era más que la insumisión a participar en el ejército. Esto duró hasta que muchas de estas mujeres se dieron cuenta de que no tenían por qué hacerlo, de que ellas no tenían la obligación de educar a los hombres. Frente a aquel absurdo, muchas se marcharon de los grupos mixtos para formar grupos de mujeres o para realizar acciones directas noviolentas de mujeres.

Asignatura pendiente: nacionalismos y antimilitarismo
Quisiera apuntar un problema añadido conectado a la poca visibilidad del pacifismo, y concretamente, del pacifismo feminista. Es la delicada cuestión de los nacionalismos. El español existe y está bastante relacionado con las mentalidades de derechas. Los nacionalismos vasco y catalán, por ejemplo, también existen y reciben el apoyo de gentes de izquierda, aunque aquí hay que matizar. Personalizo, porque la cuestión es muy delicada: como persona comprometida con la lucha social por la justicia (desde mi perspectiva pacifista feminista) simpatizo con la lucha de los pueblos que han tenido que sufrir la represión cultural y sus consecuencias. Sin embargo, como he mencionado, los nacionalismos dependen de un ejército, están tan íntimamente vinculados a esta idea que aparece como un pilar incuestionable. Y aquí se me produce el cortacircuito neuronal, porque aquí estoy contra los nacionalismos. Con la guerra en los Balcanes, las pacifistas hemos analizado bien los males de unos nacionalismos en los que la lucha por la identidad o no se hace o se hace desde el medio compartido de la violencia y la guerra.

En estos años, la comunicación producida entre grupos del movimiento social de Cataluña o Euskadi con grupos de Madrid (y viceversa), por ejemplo, ha sido escasa y no libre. O se ha discutido mal (como cuando se discute el machismo) o no se ha hecho uso de la libertad de expresión. El tema espinoso se ha dejado en manos de quienes lo sufren directamente, tanto porque unos/as se han retirado o desentendido como porque otros/as han considerado injerencia cualquier implicación u opinión. También es cierto que en el Estado español una valiente minoría intenta establecer canales de comunicación que puedan conducir a un posicionamiento público de mujeres antimilitaristas ante la cuestión de los nacionalismos.
Una nota a modo de justificación. Considerando la falta de comunicación, pero también el hecho de que el machismo y la misoginia afectan de maneras iguales o muy parecidas a diferentes pueblos, he intentado ofrecer una visión general de lo que nos pasaba aquí a las antimilitaristas feministas, pero sin poder renunciar a la duda, a que sea posible que en las otras regiones los procesos fueran diferentes.

Los noventa: puntos de encuentro

Durante esta última década, el feminismo en su conjunto ha madurado y se ha enriquecido o diversificado, lo que ha sido positivo. Por su parte, los hombres más machistas del movimiento antimilitarista no se sienten ya tan legitimados en sus posiciones, y algunos grupos han retomado -hombres incluidos- un trabajo para aprovechar lo que el análisis feminista puede ofrecerles.

El desarrollo que los grupos feministas independientes han dado a su análisis sobre la violencia "de género" se ha alimentado (aunque me pregunto si alguien reconocería este hecho o, si quiera, realidad ¡parcial!) y ha alentado también el análisis pacifista de las conexiones entre militarismo y violencia machista. Además, muchas antimilitaristas y feministas independientes han coincidido en sus maneras de trabajar y organizarse y actuar: creativas, baratas, accesibles para todas, no jerárquicas, con humor, no generadoras de injusticias o dependencias esclavistas (antes se decía: "todo tiene un precio" y "los fines justifican los medios" para cerrarte la boca)...

Las mujeres pacifistas hemos trabajado desde la participación no jerarquizada, la espontaneidad, la creatividad, la perseverancia y el saber que medios y fines venían a ser lo mismo. Nuestro interés por desarrollar enfoques no destructivos sobre la idea del poder ha tenido un impacto interno (al menos), en la creación y en el carácter de nuestras redes. De hecho, gracias a la existencia de un grupo de activistas pacifistas feministas -Mujeres de Negro Contra la Guerra, de Belgrado- se ha creado en España una red de mujeres -la Red de Apoyo a Mujeres de Negro- que congrega y comunica a diferentes mujeres y grupos de mujeres, y que, dado este hecho, aunque nació como red de apoyo a las mujeres de los Balcanes, se ha convertido en un foro y en una herramienta de apoyo de los propios grupos del país.

Aquel poder que reivindicaron las primeras feministas del mundo, el de ser dueñas de nuestro cuerpo y negarnos a que lo utilizaran, ha sido enriquecido con esa idea y esa vivencia del poder desde dentro, de la conciencia de que tenemos poder (empoderamiento), uno cuya puesta en práctica no degrada, sino que llena de fuerza constructiva y sirve de inspiración para cualquiera. Un poder que, aunque se ve obligado a enfrentar importantes obstáculos y a enfebrecidos oponentes, concibe el fin y el proceso desde el mismo lugar, pretendiendo no caer en la injusticia y la violencia.

Gracias a Concha Martín, de la Red de Apoyo a Mujeres de Negro (MdN), por la interesante conversación, y a las mujeres de la Biblioteca de Mujeres por la apasionada pelea. Gracias también a Yolanda R., de MdN, y a Jose, del MOC-Carabanchel, por las críticas.

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